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París sufre la crecida del río Sena

El río Sena se elevó hasta los 6 metros y sumergió parte del centro de Francia, incluyendo París. En Alemania también esta causando estragos y graves pérdidas
Actualidad16 de marzo de 2022 Jorge Mezza

En su mayor crecida en décadas, el Sena , que atraviesa París, llegó hasta los 6 metros y sigue subiendo. La capital francesa tuvo que cerrar varios museos, suspender la línea de trenes que corre paralela al río, y alertar a la gente que no se acerque a las zonas cercanas al cauce. Se espera que el nivel se mantenga durante todo el fin de semana y que comience a bajar recién durante el transcurso de la semana entrante. Ya pueden verse coches sumergidos en las cercanías del río y en la isla Saint-Louis, el parque de Vert Galan ha sido completamente tragado por las aguas.

El museo del Louvre junto con el de Orsay , situado en la otra orilla del Sena, tuvieron que ser cerrados al público. En la estación de metro Saint-Michel, en pleno Barrio Latino, los pasajeros ya no pueden tomar la línea que va hacia el norte (al otro lado del Sena), debido a las infiltraciones en los muros de la estación.

En el puente del Alma, la estatua de un guerrero zuavo que sirve de referencia a los parisinos para medir las crecidas del río, tenía este viernes el agua más arriba de las rodillas.

También hay varias regiones alemanas afectadas, numerosos sótanos quedaron inundados y los bomberos tuvieron que bombear agua, además de rescatar a diversas personas que quedaron atrapadas por las inundaciones.

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Cuantas veces pensaste en rajar en un motorhome hacia la patagonia… bueno, eso es una pelotudez.

Un articulo con descripcion muy larga de mas de 1000 caracteres

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08 de febrero de 2026
Claro 🙂 Aquí tienes un texto original en español con más de 1000 caracteres: --- A veces la vida avanza sin pedir permiso, como un río que no se detiene a preguntar si estamos listos para cruzarlo. Nos despierta cada mañana con pequeñas rutinas que parecen insignificantes, pero que, vistas en conjunto, construyen la arquitectura silenciosa de nuestros días. El sonido de una taza apoyándose sobre la mesa, la luz que entra por una ventana mal cerrada, una conversación incompleta que queda flotando en el aire. Todo eso forma parte de una coreografía cotidiana que rara vez cuestionamos. Sin embargo, en medio de esa aparente normalidad, surgen momentos de quiebre. Instantes breves en los que algo se acomoda o se rompe por dentro, y ya no somos exactamente los mismos que éramos cinco minutos antes. Puede ser una frase escuchada al pasar, una canción vieja que reaparece sin aviso, o el recuerdo inesperado de alguien que creíamos olvidado. Es en esos momentos cuando el tiempo parece doblarse sobre sí mismo y nos obliga a mirar con más atención. Pensar, en el fondo, es un acto de valentía. Detenerse a reflexionar implica aceptar que no todo está resuelto, que hay dudas legítimas y preguntas sin respuesta. Pero también es una forma de libertad: elegir comprender en lugar de reaccionar, observar antes de juzgar, sentir sin huir. Tal vez no exista una conclusión definitiva para nada de esto, pero el simple hecho de intentarlo ya nos transforma. Y quizá ahí resida el verdadero sentido de avanzar: no en llegar a algún lugar concreto, sino en aprender a caminar con mayor conciencia, incluso cuando el camino parece incierto.
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